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La inteligencia artificial permite detectar riesgos cardiovasculares en mamografías rutinarias

La mamografía es una prueba que ya forma parte de la rutina preventiva de millones de mujeres: según los datos del Ministerio de Sanidad recogidos por La Vanguardia, el 68% de las españolas de entre…

La inteligencia artificial permite detectar riesgos cardiovasculares en mamografías rutinarias

La mamografía es una prueba que ya forma parte de la rutina preventiva de millones de mujeres: según los datos del Ministerio de Sanidad recogidos por La Vanguardia, el 68% de las españolas de entre 50 y 69 años se ha realizado una en los últimos dos años. Ahora, una investigación del Centro Médico Chaim Sheba, presentada en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) de 2026, propone que esas mismas imágenes podrían aportarnos información adicional sobre la salud cardiovascular gracias a un modelo de inteligencia artificial.

Lo que midió el modelo y lo que encontró

El equipo de la doctora Viana Copeland analizó de forma retrospectiva 97.364 mamografías correspondientes a 29.921 mujeres, con una edad media de 54 años, y entrenó un modelo de aprendizaje profundo para buscar en esas imágenes patrones asociados a tres problemas concretos: hipertensión, cardiopatía isquémica y antecedentes de accidente cerebrovascular. Los valores de AUROC alcanzados fueron de 0,79 para la hipertensión, 0,78 para la cardiopatía isquémica y 0,86 para los antecedentes de ictus, una capacidad discriminativa moderada-alta, especialmente notable en este último caso. En términos que nos resultan más cercanos a la consulta, hablamos de un modelo que acierta bastante más que el azar a la hora de distinguir qué mujeres tienen detrás una de estas tres condiciones.

Qué cambia en nuestra práctica asistencial

Lo que los investigadores plantean no es sustituir las pruebas cardiovasculares convencionales, sino utilizar la mamografía como una herramienta inicial para identificar a mujeres que podrían beneficiarse de una evaluación posterior. Copeland explica, en declaraciones recogidas por La Vanguardia, que "muchas mujeres se someten a exámenes de detección de cáncer de mama de rutina, incluso cuando no han buscado atención por síntomas cardiovasculares". Para nosotros los clínicos, esta propuesta encaja con la idea de acompañar a la paciente en su recorrido: en lugar de añadir una prueba más, aprovechar la que ya está indicada para abrir la conversación sobre riesgo vascular durante la mediana edad, una ventana especialmente relevante para detectar factores de riesgo antes de que se traduzcan en eventos graves.

Qué queda por delante y cómo leerlo desde la consulta

El propio equipo reconoce que aún hay recorrido: mejorar la precisión del modelo para reducir tanto los falsos positivos como los falsos negativos, y estudiar si las mamografías pueden aportar pistas sobre otras enfermedades cardiovasculares. Mientras tanto, conviene tener presente este tipo de avances cuando interpretamos las imágenes que ya llegan a nuestros informes, sin perder de vista que la validación clínica multicéntrica y la integración real en los flujos asistenciales serán las siguientes piezas del puzle. Por ahora, la lectura prudente es la de quien sabe que toda herramienta nueva exige traducir bien sus métricas a decisiones compartidas con la paciente.

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