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La inteligencia artificial transforma el control dermatológico y la detección del melanoma

Según recoge La Vanguardia, una nueva herramienta de seguimiento dermatológico automatizado, llamada Deviskan, aterriza en las consultas para resolver una escena que todos los dermatólogos hemos…

La inteligencia artificial transforma el control dermatológico y la detección del melanoma

Según recoge La Vanguardia, una nueva herramienta de seguimiento dermatológico automatizado, llamada Deviskan, aterriza en las consultas para resolver una escena que todos los dermatólogos hemos vivido: paciente con múltiples lunares, cámara en mano, y minutos que vuelan intentando encuadrar cada lesión para poder compararla en la próxima visita. Para nosotros, los clínicos, la pregunta no es si esa captura merece la pena —claro que sí—, sino cómo conseguir que el registro sea sistemático, comparable y escalable sin disparar la carga asistencial.

El cuello de botella que todos reconocemos

En la práctica diaria, una parte significativa de la consulta de dermatología se sigue consumiendo en colocar al paciente, encuadrar la lesión y disparar la cámara. Es un paso imprescindible: comparar la evolución de un lunar a lo largo de meses o años sigue siendo la base del seguimiento y de la detección precoz del melanoma. Pero se repite visita tras visita, pesa más cuando confluyen múltiples lesiones, y se nota todavía más con el aumento de incidencia del cáncer de piel y la presión asistencial que arrastramos en muchas consultas.

El reportaje recoge además el origen del proyecto, que habla mucho de la fricción que sentimos. Uno de los fundadores, Enric Campmol, recibió en su día la recomendación de fotografiar periódicamente un lunar usando una moneda como referencia para comprobar su evolución. Era una solución casera que evidenció algo que los dermatólogos conocemos bien: faltaba un sistema fiable, preciso y reproducible para hacer ese seguimiento dentro de la consulta, no en casa del paciente.

Qué cambia con Deviskan

Deviskan, desarrollado por Dermavision Solutions —constituida en 2019 y con respaldo clínico de los dermatólogos Josep Malvehy y Susana Puig según la información publicada—, integra en un único dispositivo el mapeo corporal total y la dermatoscopia digital. La diferencia frente a otros equipos que el reportaje menciona es que automatiza por completo la adquisición de imágenes: el paciente accede a una cabina donde recibe instrucciones audiovisuales, el sistema captura imágenes clínicas de toda la superficie corporal y, después, una inteligencia artificial identifica qué lesiones requieren imagen dermoscópica. La robótica se encarga entonces de posicionar el dispositivo para obtenerlas, y al final el dermatólogo dispone de un registro completo listo para revisar.

Como explica Narcís Ricart, CEO y cofundador, el objetivo de la compañía pasa por conseguir un seguimiento más sistemático y escalable, que permita controlar un mayor número de pacientes sin aumentar la carga de trabajo de los especialistas. Y la propia compañía insiste en que la tecnología no pretende sustituir al facultativo: llega para acompañarnos, no para suplantarnos — algo que en el día a día de la consulta siempre agradecemos escuchar.

Qué conviene tener en cuenta antes de adoptarlo

Si estás valorando incorporar este tipo de sistemas, hay tres coordenadas que nosotros los clínicos solemos pasar por alto cuando nos seduce la novedad:

  • El flujo, no solo el dispositivo. La cabina resuelve la captura, pero el valor real está en cómo esas imágenes se integran en tu historia clínica y en tus comparativas sucesivas. Conviene preguntar cómo se exportan, en qué formato y con qué metadatos.
  • Validación clínica por encima de la demo. Que el sistema esté respaldado por dermatólogos de referencia es una buena señal, pero en el reto asistencial real siguen pesando los casos límite: lesiones en zonas difíciles (cuero cabelludo, pliegues, mucosas), fototipos altos y pacientes pediátricos.
  • El juicio clínico no se externaliza. Por bien que funcione la automatización, el diagnóstico y la decisión final siguen siendo nuestros. La tecnología se traduce en tiempo y consistencia, pero la interpretación clínica sigue exigiendo al dermatólogo.